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1 febrero, 2019

Comunidades no comunitarias

La tecnología, tal y como la entendemos en pleno siglo XXI, nos ha digitalizado o virtualizado masivamente. Esto comenzó en los años 70-80 y desde entonces se duplicaron nuestras consciencias creando identidades digitales y empezamos a formar parte de comunidades virtuales.

La tecnología ha propiciado la creación de comunidades, pero, ¿se hace algo comunitario en ellas?

No son pocas las plataformas en las que se desarrolla contenido abierto y libre, opensource, basado en el código abierto con la intención de que cualquiera, en cualquier parte del mundo, pueda replicar los desarrollos de tecnologías muy diversas: desde maquinaria enfocada al reciclado hasta dispositivos de repuesto para nuestros coches emisores de CO2 o nuestros electrodomésticos.

Sin embargo, rara vez encontramos estas comunidades en un encuentro analógico para debatir y alcanzar objetivos y estrategias comunes. Son comunidades que están basadas en el individualismo y en el entorno digital, donde cada cual, en su ordenador, alimenta el contenido que aglutina la plataforma y que, como mucho, puede tener una temática compartida.

¿Qué es una comunidad tal y como entendemos la tecnología ahora mismo?

Se denomina comunidad virtual o comunidad digital​ a aquella sección de datos procesados entre sí, cuyos vínculos, interacciones, relaciones, comunicaciones, y técnicas tienen lugar, no en un espacio virtual sino en un espacio físico como el CPU. 

¿Cómo entendemos lo comunitario desde espacio nexo?

La cultura comunitaria es la creación de una comunidad física de personas que, conscientes de su diversidad, comparten una causa común que las une.

 

Otro tipo de comunidades digitales muy frecuente es el de los denominados gamers que, cada vez más, se unen en plataformas lúdicas para jugar en red a diferentes tipos de juegos. En este caso, sí es muy habitual que realicen quedadas o encuentros presenciales en torno a alguna competición. Así, por ejemplo, están completamente en auge los e-sports, que llenan estadios deportivos para visualizar partidas colectivas de deportes en el entorno digital con, además, un amplio seguimiento en televisión y plataformas on-line. Las principales cabeceras deportivas de todo el mundo incluyen ya una sección de información dedicada a esta temática, que a su vez patrocinan las marcas con mayores presupuestos publicitarios.

Como sucede con todos los cambios, los e-sports también cuentan con múltiples detractores en el sector del deporte tradicional, que ven amenazados sus emporios y sienten peligrar sus asentados ingresos millonarios. Presidente de la Federación Olímpica Alemana: ‘Los eSports no existen’ 

La aparición de los e-sports, junto con el vertiginoso desarrollo de la realidad virtual y aumentada, nos lleva inevitablemente a una reflexión que enlaza con nuestras sospechas de que en entornos virtuales existen comunidades, pero no son comunitarias. ¿Las personas digitalizadas estamos tan bloqueadas y disgustadas con nuestras realidades analógicas que necesitamos desarrollar otras, más perfectas estéticamente, más controlables temporalmente y menos físicas para disfrutar del deporte, el juego o incluso el arte? ¿Tiene que ver con el desencanto con nuestra realidad o quizás más con la comodidad y la accesibilidad que estas herramientas nos permiten?

Las gafas de realidad virtual hacen factible que viajemos al espacio, a otros países y a montañas rusas a las que quizás no nos atreveríamos a subir en la feria de nuestro pueblo o ciudad, pero también nos posibilitan pasear por Hiroshima y conocer la realidad de personas refugiadas en pleno conflicto bélico.

Parece innegable que tendremos que dejar pasar el tiempo para analizar qué hizo nuestra sociedad con estas herramientas. Con esa perspectiva, quizás podamos discernir si nacieron por nuestro desencanto o para aumentar nuestra comodidad, y lo más importante, si las usamos para construir un mundo más consciente o más dormido.

LaDársena Estudio es un estudio de diseño responsable y comunicación honesta. Equipo formado por Cristina Vázquez y Sole López.

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