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9 diciembre, 2017

Cultura feminista son maneras, no son qués

Cultura feminista son maneras, no son qués

Manifiesto Ladyfest Madrid 2013

Vale, que monten sus ministros festivales feministas contra la segregación,
alimentando el tópico con discriminación
positiva que es mentira, no es ninguna solución

Gata Cattana- Lisístrata

En este 2017 falleció Linda Nochlin que es algo así como la madre (o quizás ya la abuela) de plantearse por qué no tenemos referentes culturales que no sean varones blancos heterosexuales. El famoso texto Why have there been no great woman artists? (¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?) publicado hace la friolera de cuarenta y seis años, no solo señala la ausencia de estos referentes, también apunta a las estructuras políticas y sociales como culpables de este silenciamiento. No es que no haya habido mujeres (y otros sujetos no hegemónicos) haciendo cultura, es que todo estaba en su contra para que no pudieran siquiera intentarlo y que, cuando lo consiguieran, ese ente informe llamado “la sociedad” se ocuparía, por la puerta de atrás, de darles carpetazo y colocar sus nombres en uno de esos estantes olvidados por la narración canónica.

Una vez se rompe este espejo de la realidad o lo atraviesas como una Alicia intrépida luciendo tus flamantes gafas moradas último modelo, puedes apreciar los unos y ceros a este “matrix” cultural. Entonces te preguntas: ¿qué hago yo con esta revelación?, y sobre todo, ¿qué puedo hacer por revertirla?

La primera solución, quizás la más fácil, es la de calarte la gorra de exploradora y rebuscar en los archivos del fondo, esos que nadie consulta, para poder sacar a la luz nombres olvidados. Organizar exposiciones, abrir un blog, editar la Wikipedia, unirte con tus compañeras del AMPA para que se incluyan en los libros de texto, preguntar en tu museo favorito por qué nadie se leyó la Ley de Igualdad (y que te contesten como lo haría un académico del siglo XVIII –escribir un siglo en números romanos ya es indicativo de lo antiguo que es–)… También puedes organizar de manera autogestionada un festival no mixto, donde la gente del público y la gente que actúa/performa/cuelga su obra de arte no sea de la cultura hegemónica. Pero ¿sabes qué? Esto te va a saber a poco al cabo de un tiempo y te vas a dar cuenta de que,  lo que hacías de manera autogestionada,  de repente se lo ha cooptado la Administración.

¿No te has dado cuenta? Las mujeres artistas son como las flores, unas flores muy extrañas de rápida apertura en marzo y pronta marchitación en abril. Algunas consiguen hacer una segunda floración en noviembre, una fecha secundaria que depende, en buena parte, de los presupuestos oficiales a final de año. En marzo, en torno al 8 (día en que se celebra el Día de la Mujer –trabajadora–) se celebran mil y una actividades que tienen a la #mujer como etiqueta rastreable por quienes buscan indicadores de igualdad en la programación cultural. Así podemos disfrutar de charlas sobre “La mujer y –inserta aquí el campo cultural-“,  “Muestra de mujeres en –inserta aquí el campo cultural–“ o incluso, siendo un poco menos explícitos, utilizan el adjetivo “femenino/femenina” como indicativo de mujer, como por ejemplo “Voces femeninas” o “Noviembre en femenino” (que sería igual noviembra, si seguimos un poco el juego)

Entonces ¿significa esto que debemos dejar a un lado la visibilización? Sí y no. Menuda respuesta de pacotilla sin mojarse me dirás mirándome con tus gafas moradas. Bueno, es que, como decía al principio toda esta labor de visibilización se queda corta a quien ya tiene superado este capítulo pero no a quien aún tiene por abrir el libro y considera que el mundo cultural ya nació igualitario y que quien no prevalece es porque no se lo ha currado lo suficiente.

El capítulo dos llega cuando te has hartado del marzo de las mujeres, el noviembre en femenino, las muestras exclusivas y los encuentros no mixtos, o al menos estos te saben a poco si es todo lo que se va a hacer. Empiezas a observar que todo el mundo ha puesto sus ojos en el producto final (es el capitalismo, estúpida) y no ha apreciado el entramado que lo sustenta, el proceso hasta poder cortar la cinta de inauguración. La cultura feminista son maneras, no son qués. Son formas de organizarse, de cuidarse, de recrearse en el proceso sin dejar a nadie detrás, de pensarse, autocriticarse y analizar todo con las gafas moradas bien caladas. Lo invisible es lo importante y habrá ponerle luminol para que destaque en la luz negra como si fuéramos agentes del CSI, algunos dirán que son detalles pero es que todo está en los detalles.

 

 

Historiadora del arte a ratos, feminista en todas partes. Me gustan mucho las asambleas, los centros sociales y los micrófonos de la radio

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